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viernes, 23 de diciembre de 2011

El cuerpo: un instrumento musical (Guillermo Hernández Barbosa)

El siguiente árticulo lo he extraido de la página web de Guillermo Hernández Barbosa www.retornomaya.com

 

  El Cuerpo: Un Instrumento Musical

Se dice que el primer instrumento que el ser humano construye es el tambor y habíamos creído que era una referencia histórica a la evolución del ser humano y su adaptación social, pues no, se trata de que a los cuatro días de la fecundación, se ha formado el oído interno como una simple membrana como una pompa de jabón sobre el cual, dos filamentos percuten como si de un tamborico se tratara (tímpano, yunque y martillo); de esta manera se da inicio a la manifestación en el mundo de las formas de lo que en el paso anterior es solo in-formación acústica de altísima frecuencia, proveniente de los mundos de la luz, del campo cuántico dirán otros, de la sinfonía de las esferas acotarán algunos. Pues esas frecuencias de resonancia ya están armonizadas con las Leyes de la Creación que no por casualidad están formadas por los Trece Principios de Ley, de la misma manera como trece frecuencias -desde un Do al siguiente Do de la escala u octava musical siguiente- existen en la escala cromática, que ya conocemos al menos desde Pitágoras y correspondiendo a determinados números exactos que no por casualidad son los mismos comprometidos en la dinámica matemática del ADM o adn mitocondrial.
Las escalas musicales se expresan en Octavas de resonancia porque entre otras cosas el Ocho representa el Principio de Resonancia Armónica, se trata en este caso de conformar un cuerpo que se llegue a comportar como una caja de resonancia armónica, capaz de reproducir las notas y frases musicales de la sinfonía de las esferas o dimensiones superiores de la creación. Se trata de hacer de nuestro cuerpo un instrumento musical afinado con la Ley Divina y natural, por ello todo se expresa de la manera más perfecta a través del codificador estético que es el número, todo en la naturaleza se rige por números y geometría. El primer tratado matemático que entregaron los Mayas en esta tierra fue la Geometría sagrada en tiempos ya inmemoriales, un derivado de ella es la estructura de lo que fue entregado como el “I Ching”, ya hace unos 8.000 años conteniendo los 8 trigramas básicos que se re-combinan consigo mismos y dan origen a los 64 hexagramas, que en realidad corresponden a los 64 codones o letras del abecedario de la vida biológica, escrita en el libro sagrado de los seres vivos llamado el adn; al ser este un código de Luz , lo que está escrito en él hay que leerlo con luz, es decir, en el espectro de los ocho colores del espectro de la luz y que tecnológicamente es posible hacerlo con las ocho posiciones de bites con que operan los ordenadores con su código binario, que no por casualidad fue desarrollado siguiendo las pautas de las líneas enteras y partidas del “I Ching” por un señor llamado Godofredo Leibnitz por allá en 1.679. Es decir, que la música de la energía que somos está cifrada como un código maestro cuya memoria se guarda en pequeñísimas celdillas de memoria de 512 bites (8x8x8), pero al ser energía luminosa, necesariamente se logra no sin la impronta que nos entrega el Tzol, ese enigmático astro que nos "alumbra" y gracias al cual se mantiene la vida en este planeta. Pitágoras dijo que la frecuencia del río de la energía solar llega a nosotros manifestada por la nota Do, razón por la cual en el idioma íbero llegó a llamársele Domingo al día del tzol, pero al ser el tzol el astro que nos entrega la energía de la madre galáctica (vía láctea) lo escribe en el adn en el formato de su escala musical preferida, la del Do de 512 hertz o vibraciones por segundo, con lo cual el Do de la escala inmediatamente inferior es la mitad (256) y el de la siguiente 128, seguido de otro Do de 64 hertz, 32, 16, 8, 4, 2 y 1, casi todos inaudibles para nosotros por su gravedad tonal. De tal manera que, todos los archivos de nuestra evolución planetaria fueron grabados en nuestro disco duro (El Alma) para ser extractados de allí y colocados en la memoria RAM que es la memoria celular y del adn y ser exportados a la pantalla de muchas maneras, como imagen, como recuerdo, como memoria, como expresión, en fin, como elementos valiosos para la formación de aquello que solemos llamar Consciencia, aunque en sentido estricto la consciencia es mucho más. Pero ese recuerdo o acceso a nuestros propios archivos de evolución es posible siempre y cuando los llamemos por su nombre, o sea por su nota clave o combinación de ellas, es decir, la música se convoca con música, lo cual nos lleva a las Leyes de la Armonía y del ritmo. Si a partir del Do de 512 vibraciones queremos encontrar los intervalos de la escala musical, es decir, los armónicos de la nota fundamental que nos entrega el todo galáctico y universal como música de las esferas, será cuestión de multiplicar por factores inversos de 16, 32, 64 y 128 para la mayoría de las notas musicales (proporción cuadrangular) y por dos tercios de 512 para la nota Fa que es la asociada al corazón (proporción triangular). Cuando tocamos música afinada en la escala correcta que lo es por ser la que armoniza con las Leyes de Creación, entonces nos convertimos en co-creadores de nosotros mismos, logrando transformaciones armoniosas y acordes al patrón de diseño original que es de orden Divino, es decir, nos hacemos artistas por naturaleza y nuestra evolución seguirá esas mismas pautas; por el contrario, si hacemos música de cualquier manera y no sintonizamos nuestro cuerpo con las notas fundamentales, ¿Qué podemos pretender construir? por supuesto que disonancias o cuanto menos, podremos divertirnos y apaciguar nuestros sentidos, pero nada ocurrirá con los folios de la memoria evolutiva que al no recibir las claves apropiadas no se abren para nosotros.
Un cuerpo que no reproduce los patrones estéticos originales es un cuerpo que no es una caja de resonancia y por lo tanto, es un cuerpo disonante y ello tiene sus consecuencias energéticas, emocionales, mentales y en consecuencia será un cuerpo enfermo. así que es menester afinar nuestro cuerpo para que la música que de él sale sea armoniosa; algunos lo intentan con el alimento, con la meditación, con la observación del pensamiento para que sea coherente con la acción y todo ello está bien, pero estamos dejando de lado la afinación del instrumento simplemente por ignorancia, porque hemos llegado a creer que eso solo le corresponde a los músicos, lo cual quiere decir, que hemos dejado de ser artistas, co-creadores, sencillamente porque se nos olvidó el Patrón de Ley de la Creación y ahora nos damos el lujo de desdeñar de ello, de no darle importancia a lo esencial por estar con la atención puesta en lo urgente –emocional o físico- que por lo mismo suele ser lo superficial. Así, por considerar culturalmente que la estética y la música es para unos pocos, relegamos nuestro instrumento principal que es el cuerpo para que la sociedad de consumo lo afine a su criterio y claro, así ha sido, ahora estamos tan sordos como un tambor de cemento y los que medio se interesan por estos asuntos, creen que los instrumentos de la sinfónica se pueden afinar a partir de cualquier diapasón, lo cual es cierto si se trata de divertir a los sentidos, pero cuando se trata de que la música sea una opción sanadora, auto-regulante y sintonizadora de todo cuanto se ha desarmonizado, entonces esa actitud no es válida; será menester que nuestros músicos de oficio recuerden la importancia de afinar nuevamente los instrumentos musicales a partir de la nota del Tzol que nos regula la vida, es decir del Do de 512 hertz, o de su correspondiente nota “LA” de la escala inmediatamente inferior, con vibración de 432 hertz (512 x 54/64)*.
Cuando se afina a partir de un LA de 440 hertz, el Do resultante es de aproximadamente 521 hertz (440 x 64/54 = 521,481), que no es la nota del astro Tzol detectada en la tierra y con ello no solo se sobre-excitan los sentidos, sino que el adn ya no nos develará sus archivos y esa es una de las causas del por qué no recordamos lo que somos, ni mucho menos vamos a recordar para qué vinimos a este planeta. Hay que abrir los ojos y reclamar el derecho a ser vueltos a reconectar a la fuente de la Creación, que las grandes obras musicales sean ejecutadas nuevamente en la escala natural en la que fueron creadas; los grandes creadores de la música clásica nacieron con su oído afinado y conectado a la fuente natural de la Creación, por ello pudieron bajar tales partituras desde las dimensiones superiores, para que nos sirvieran de armonizadores en un mundo cada vez más disonante y su música se la entregaron a la Humanidad, es nuestro derecho exigir, que las sinfónicas vuelvan a tocar a los clásicos con sus instrumentos en la afinación correcta, que fue variada en los últimos tiempos y puesta en la falsa referencia del LA de 440 hertz que se convirtió en norma y en dogma general. ¿Por qué creen que ya casi no doblan las campanas de las antiguas catedrales? para que la gente no se sintonice con sus vibraciones, pues fueron afinadas en las notas correctas por los señores del temple que eran quienes conocían las técnicas de la metalurgia pero que a su vez eran pitagóricos por conocimiento. Para los no músicos pero enamorados de la música, es decir, de lo que somos desde el origen, exijamos a quienes nos venden cacharros de música, que los mismos vengan afinados en las notas apropiadas, para que al afinar los instrumentos musicales con el patrón natural, la sucesión de sonidos que detectamos como melodías y en especial por las armonías usadas en la composición, ayuden a recomponer nuestro holograma de energía. Pero suele suceder que nos dejamos engañar con sonidos brillantes, con aderezos hasta agradables, sin reparar en qué estructura sonora están diseñados esos productos. No importa si pagas una buena localidad para escuchar a mejor sinfónica del mundo, si no toca en el registro natural, de nada valdrá la armonía que le imprimieron Mozart o Beethoven a sus obras, esa interpretación no te valdrá más que como distracción de tipo cultural, más no para aquello que fue creada tal o cual obra: para ayudarte a sanar. Ahora tenemos la posibilidad de comprar afinadores electrónicos regulables, que los puedes sintonizar en el LA de 432 hertz y así afinar los instrumentos, o por ejemplo hacer prácticas de armónicos con la voz, pero en la escala correcta y será una manera maravillosa y casi que gratuita de hacer de nuestro cuerpo nuevamente el instrumento musical para el cual fue diseñado. Sobre este tema, escribí dos capítulos en mi segundo libro “Retorno A-Malla, para replantear el sentido de la vida”, pero de momento éste el llamado de atención acerca de reclamar por derecho divino lo que nos corresponde y que ha sido alterado por inescrupulosos en el poder.
Guillermo Hernández B, Noche Galáctica Azul.
*En escritos anteriores, he afirmado que el LA correspondiente a un DO de 512 hertz es de 448 hertz, con lo cual involucré involuntariamente un error. Por algunos estudios durante mí época de lutier, sabía o deduje que la escala había sido alterada, pero en ese entonces, no tenía los conocimientos suficientes como para cuestionar la afinación a partir del La 440, sólo acusaba una incoherencia cuando intenté deducir el reparto matemático de la guitarra a partir de los intervalos o distancias de las frecuencias de las notas musicales; por supuesto, ante el impase, resolví deducir una constante mecánica que para el efecto suplía las necesidades, pero me dejó la espinita hincada, la cual sólo he podido dilucidar ahora, 22 años después y de la mano de la instrucción maya. Efectivamente, cuando he podido deducir con las proporciones matemáticas de la geometría sagrada pitagórica la escala musical, encontré que el LA cumplía la proporción cuadrangular respecto al DO, como los 14/16 de 512 = 448, a ocho hertz de 440 la cual adopté como respuesta acertada. Ahora corresponde corregir esta ligereza involuntaria: el desfase si fue de 8 hertz en el LA natural, pero no hacia abajo como supuse, sino hacia arriba. Por reparto según las leyes de la física acústica, cuando el patrón de afinación es Do de 512 hertz, el LA inmediatamente inferior corresponde a los 54/64avos de 512 = 432 hertz. Os doy una referencia interesante: En la tierra los instructores maya cuentan ciclos de 1’872.000 días, lo que a razón de 365,242 días por órbita arroja la cifra de 5.125,36 giros orbitales, esto es un patrón de frecuencia y es de allí de donde deriva la primera sospecha de que el DO natural audible al oído humano de manera muy cómoda corresponde a las tres primeras cifras, 512, o lo que es lo mismo: 8x8x8, el cubo cibernético del Holograma Humano. El planeta más grande de nuestro sistema planetario es Júpiter y según los mayas, su órbita alrededor del sol en días de la tierra es de 12 tun, es decir, 12 x 360 días = 4.320, cuya cifra armónica es 432, la afinación del La natural. Y en mi opinión, la corroboración más importante consiste en que al afinar con los dos anteriores patrones, encontramos el punto de inflexión que usaron los genios del clasicismo para las modulaciones en sus obras: el Fa#, el equivalente en ingeniería de carreteras a encontrar el punto de la montaña por el cual trazar la vía para evitar sobre-esfuerzos vehiculares; para lo cual primero es necesario obtener el FA como los 2/3 de 512 = 341,333 (velocidad del sonido en el aire), la nota del plexo corazón y única nota que se sale de la proporción cuadrangular; mientras que el Fa# = 91/128avos de 512 = 364 hertz, la nota del Timo, el centro energético de la alegría, del niño(a) interior y como cifra, los días contables de las trece lunas de 28 días del giro terrenal, como trece articulaciones mayores en el cuerpo y 28 menores en las manos poseemos, involucrando el 91 = 7x13, Siete Leyes con Trece Principios de Ley, pero también 128, el duplo de 64, mitad de 256 y cuarta de 512, todo relacionado al código genético; no encuentro justificación válida para considerar el Fa# como nota diabólica, como la designó cierta institución religiosa. Si estas no son relaciones de peso para considerar que estamos hablando con verdad, como dicen en mi tierra, ‘vaya a que te piquen caña’ y le alimenten como a las vacas