El siguiente artículo ha sido extraido de la excelente web dedicada a la quena http://quenaperu.blogspot.com.es/
Desde aquí, muchas gracias al creador de la web.
Leyenda sobre el origen de la Quena
Nakaq era un demonio rojo de raras facciones y gestos.
Iba
vestido de rojo y aguardaba a los viajeros en los recodos de los
caminos para hechizarlos. En aquellos días, Cuzco era la sede
imperial donde florecía una de las más completas civilizaciones del
mundo: a ellos se les debe el primer sistema de correo postal, donde
utilizaban a los chasquis (indios corredores), que se turnaban cada
ciertos tramos de distancia; con tal perfección que, el Inca, por
ejemplo, en su palacio de Cuzco, podía permitirse diariamente el lujo de
comer percado fresco proveniente de la costa, muy lejana.
Era el reinado del Inca Yahuar Huakacc, rey sabio y melancólico.
El
príncipe de Kachamarka era un anciano de gran valía a quien el Inca
especialmente distinguía de entre todos.Tenía tres hermosos hijos,
talentosos y buenos; dos mujeres y un varón: Pura, Wañu, y Auki
Paukar.Los tres se amaban tiernamente y eran conocidos como bellos
ejemplos de fraternal amor. Su padre los había educado según su rango
a través de sabios amautas (maestros), y mientras esperaban que llegase
el día en que Pura y Wañu fuesen llevadas
al Aclla Huasi (casa de las vírgenes del sol), en calidad de
ñustas
(doncellas nobles), para ser consagradas al Dios Sol. Mientras, Auki
Paukar pastoreaba rebaños paternos en la falda del Wilkanuta.

Esta actividad transformó al joven en inspirado
haravec (poeta),
y
las notas dulces de sus yaravíes (cantos tristes), aún se escuchan en
nuestros días, interpretadas por los collas con sus quenas; al
atardecer, en la soledad del altiplano.
Cuentan que a oídos
del Inca llegó la fama de los tres hermanos, y tuvo el deseo de ofrecer
a su Coya (esposa), la amistad y servidumbre de las dos bellas ñustas, y
dejar para sí el dulce canto del haravec, quien espantaría los supayes
(genios malos) de la tristeza. & nbsp; Envió un
chasqui al Príncipe de Kachamarca, requiriendo sus tres hijos para
adornar con su gallardía la noble corte de Cuzco.El dolorido anciano no
pudo negarse a tan gran honor y, llorando secretamente, consintió en
separarse de ellos.
La víspera de la partida, los
hermanos rodearon al padre, y fueron a recorrer los lugares queridos.El
más apenado era Auki Paukar. Con doliente voz iba creando un nuevo
yaraví
(llegado a nuestros días con el nombre de Suray Surita) Su vida sería
la de un pájaro prisionero destinado a cantar para distraer las
tristezas del Inca.
Al día siguiente, los hijos, llorando, se
despidieron del padre.Cuando la caravana partió, subió el dolorido
príncipe a una colina para contemplarlos por última vez. Sentía que su
alma volaba tras ellos, cuando en un recodo del camino divisó agazapado
un deforme colla jorobado, vestido de rojo. Por un instante, el terror
paralizó su corazón; luego bajó corriendo la loma: ¡él sabía a quiénes
esperaba aquel personaje siniestro! En su palacio llamó al sacerdote, y
le preguntó cómo salvar a sus hijos del Nakacc.El sacerote movió
tristemente su cabeza: el Nakacc es un demonio poderoso y nadie se salva
de sus garras. Sólo queda llorar, ya que nadie los volverá a ver.
Mas a Cuzco llegó el mensajero con las dos bellas ñustas. Sin
Auki Paukar. Así lo explicó el mensajero: "A poco de partir de
Kachamarca, se nos unió un colla deforme y jorobado, vestido de rojo.
Parecía muy enfermo. Compadecidos, los tres hermanos le hicieron lugar
en la comitiva.Como permanecía callado, nadie se le acercó. Mas, al
anochecer, sacó el jorobado un cuerno y sopló sobre todos,
inmovilizándolos con su hechizo. En aquel momento, Auki Paukar estaba
alejado, mirando desde una loma su querida Kachamarca.
Y en la
noche silenciosa, cuando a los demás se acercaba la muerte de manos del
Nakacc; bella y pausada surgió la melodía de un yaraví. Y el demonio,
dejando caer su cuerno funesto, escuchó profundamente.
Entonces
Auki Paukar, surgiendo de entre las sombras, se le acercó y le dijo:
"Señor mío, deja ir en paz a mis hermanas, y yo cantaré siempre para
tí".Y respondió el Nakacc: "Si me das un hueso de tu pierna izquierda, y
consientes que dentro de él encierre tu alma, las dejaré partir sin
hacerles daño" Auki Paukar, por salvarlas, consintió sin dudar. Deshizo
el hechizo el supay, y ordenó a las hermanas alejarse; pero ellas se
negaban a abandonar a su querido hermano. Entonces el Nakacc desapareció
llevándose para siempre al generoso haravec". Tal es lo que el chasqui
narró al Inca, y lo que repitieron ambas ñustas, llorando. Llenóse el
Inca de la tristeza más honda: "¿Cuál no sería el encanto de esa música,
que detuvo la mano en alto del inexorable Nakacc, que nunca perdona?
¿Cómo sus notas huvieran hecho nacer la paz en su alma en su propia alma
angustiada?".
Y su deseo se vio realizado, ya que, desde entonces, por las noches comenzó a escucharse el
sonido
triste, grave y sentido de un raro instrumento, en todos los rincones
del Imperio.El Inca escuchó esas notas, y, si bien no logró desterrar la
tristeza de su alma, al menos logró encontrar la calma al influjo de la
dulce melodía.
Según los indios, este es el origen de la
quena
(especie de flauta), donde ellos, taciturnos, vuelcan su honda y
eterna melancolía.No existe nada más sobrecogedor que su extraño e
inquietante sonido: al escucharlo a lo lejos, cuando el día muere, se
cree oír un lamento, una queja milenaria. Puede ser en verdad el alma
del joven haravec, cantando en su extraña cárcel sus melancólicos
yaravíes, que le sirvieron en su momento para salvar a sus dos queridas
hermanas.