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jueves, 12 de abril de 2012

El hombre en el área andina



Este artículo ha sido extraido de la enciclopedia la aventura de la vida.

El área andina ocupa, desde la costa del Pacífico sudamericano a la selva tropical, una franja que va desde Ecuador a la mitad norte de Chile, pasando por Perú, el sudoeste de Bolivia y el noroeste de Argentina. El espinazo del área es una cordillera que cobija a muchos y diversos ecosistemas: fértiles valles interandinos, grandes alturas de cumbres eternamente nevadas, zonas lacustres, sotobosques tropicales a alturas insospechadas, la puna en el altiplano y desiertos costeros de tremenda aridez.


Foto Héctor Villalba

Aquí surgieron en diferentes momentos unos grupos humanos que, desde las profundidades de la prehistoria, fueron transformando su economía de depredadores paleolíticos en otra de explotación racional de los recursos vegetales, con el progresivo control de la domesticación de diversas plantas, que llevó la agricultura y la sedentarización. Un lento proceso que cubrió varios miles de años consiguió que esos grupos humanos alcanzaran progresivas cotas de civilización.

Foto Héctor Villalba


¿Hubo contactos con Asia?

También se ha barajado en relación a los indígenas de los Andes una considerable cantidad de teorías que intentan explicar el surgimiento de la civilización en el área a partir de posibles inmigraciones transoceánicas procedentes de diversos enclaves asiáticos o polinesios. Estas teorías se basan en las afinidades raciales existentes entre los indígenas andinos y los asiáticos, algunos paralelismos lingüísticos y similitudes en estilos escultóricos y cerámicos, (Hacer click abajo en leer más para seguir viendo este artículo)


 así como en las numerosas leyendas y mitos que hablan de sabios visitantes, o invasores blancos y barbados, que aportaron sus conocimientos a los habitantes de la región.

Así pues de forma muy parecida a la sucedida en Mesoámerica, el desarrollo cultural del área andina llevó varios miles de años en un proceso lento de progresivo dominio de las técnicas agrícolas combinadas con complejos métodos de irrigación, indispensables en una región donde el complicado relieve montañoso o la falta casi absoluta de lluvia constituyen un verdadero desafío a la inteligencia humana. Lo cierto es que hacia el añó 2000 a. de C. los indígenas andinos plantaban en sus tierras batatas, maíz, frijoles, calabazas, patatas y diversas variedades de frutos.








Moche es una cultura que aparece en los  valles fluviales costeros del norte, principalmente en los llamados Moche y Chicama, aunque en el primero es donde se encuentran vestigios más representativos. Se trata de una sociedad que levanta verdaderas ciudades, a diferencia de los núcleos ceremoniales como Chavín. Se edifican grandes fortalezas, lo cual evidencia un dominio político claramente militar y establece las bases de un estado de organización jerárquica  y compleja. Tal vez lo más característico de la cultura mochina se encuentre en su refinada y bien elaborada cerámica, de gran realismo, tanto en su factura escultórica- sus famosas vasijas-retrato-, como en sus decoraciones pintadas. A través  de esta peculiar cerámica podemos hacernos una idea muy aproximada  de las facciones de aquellos antiguos indígenas  y de su vida cotidiana, sus armas, vestidos y costumbres. También aparecen representadas escenas muy elaboradas de ejércitos en marcha, prisioneros, sacerdotes y personajes diversos en multitud de actividades, incluyendo especialmente las sexuales.



Nazca y su misterio



En la costa sur, heredada de otra cultura local llamada Paracas, surgida de la influencia de Chavín, aparece por el año 300 a. de C. y se extiende hasta el 700 de nuestra era la cultura Nazca, centrada principalmente en los valles también costeros de Nazca e Ica.



Alli no se han encontrado  restos urbanos y ceremoniales de la misma importancia que en Moche, pero sí una considerable cantidad de vestigios  de sus obras de regadío, de cerámica, muestras de industria metalúrgica , de tejidos excepcionales y mulitud de otros objetos  utilitarios. Su obra más destacable , por su enigmático significado y por la cantidad de especulaciones absurdas a las que ha dado lugar, son las famosas líneas de Nazca, formadas con amontonamientos de piedras que se extienden a veces por kilómetros, dando lugar a diseños geométricos  y a inmensas figuras  de animales diversos, sólo visibles e identificables desde el aire. Las interpretaciones más lógicas y razonables hablan de relaciones astronómicas y de representaciones totémicas u ofrendas a los dioses.



Tiahuanaco es seguramente, de todas las culturas andinas  del período floreciente, la más famosa y conocida  por la monumentalidad  de su centro más importante, localizado en el altiplano boliviano en las cercanías del lago Titicaca y a 3.800 metros sobre el nivel del mar. El gran centro ceremonial que aquí se encuentra  se destaca en medio de la puna por sus impresionantes edificios de piedra y sobre todo por su célebre Puerta del Sol y por los numerosos monolitos o esculturas antropomorfas que en él han aparecido. Alrededor de este núcleo vivió  una numerosa población que, bajo el gobierno de la élite religiosa, se componía de agricultores de patata, pastores de llamas, ceramistas, orfebres y tejedores. Los artistas tiahuanacotas fueron excepcionales por la calidad de sus obras, con las que propiciaron un intenso comercio con los pueblos vecinos.

Este monolito representa una divinidad de las muchas que aparecieron en las ruinas del gran centro ceremonial de Tiahuanaco.


Su civilización fue protagonista  de una historia que comenzó en el año 800 a. de C. y se apagó hacia el 1200 de nuestra era. Pero fue durante su período clásico, desde el 450 al 900, cuando adquirió mayor esplendor en sus realizaciones. El gran centro de Titicaca fue entonces abandonado por razones que desconocemos, no sin antes haber desplazado considerables contingentes de población que se establecieron como colonos en amplias áreas de la costa y la sierra del Perú, Bolivia, Chile y Argentina.

La arquitectura ciclópea, es decir compuesta de enormes piedras, tuvo su mejor expresión con la cultura incaica.La perfección en el ajuste de las piedras con otras fue una de las mayores habilidades de los canteros incas.


El imperio inca

Machu Picchum descubierta  a principios de este siglo por el explorador americano Hiram Bingham, esta impresionante ciudadela inca permaneció abandonada y desconocida, aun para los conquistadores españoles, durante siglos. Su población original, compuesta principalmente  por jóvenes vírgenes  dedicadas al culto del Sol, desapareció sin dejar apenas rastro con la caida de Cuzco y del imperio incaico en manos de los hombres blancos.

De todos ellos, fueron los incas los que, partiendo de su centro original de la ciudad de Cuzco, consiguieron mayor éxito político y económico, ya que en 200 años  crearon con sus conquistas uno de los imperios mejor adminitrados y de mayor extensión del mundo.

Los incas, en efecto dominaron toda el área andina en su momento de mayor apogeo. Para administrar tan vasto imperio se procedió a su subdivisión en cuatro regiones llamadas suyos. El inca o emperador, personaje divinizado, poseía un título hereditario y su poder era absoluto. Le seguían en orden jerárquico los gobernadores de los suyos, los nobles que desempeñaban las tareas administrativas de funcionarios de estado, los militares de alto rango y los curacas o caciques de los pueblos conquistados.  Finalmente, la mayor parte de la población constituía el último escalón jerárquico y la base económica del imperio. Estaba compuesta principalmente por agricultores, pastores y artesanos.

La administración política, económica y religiosa de este enorme estado se consiguió gracias a un control estricto de la población por medio  de un eficaz funcionamiento, la imposición de una lengua común,el quechua de los incas, el poder militar, la reconstrucción fortificada de las principales ciudades y una sorprendente red de comunicaciones que a través de verdaderas carreteras y puentes unían Cuzco con los más recónditos lugares del Imperio.

El derrumbre y decadencia de este poderoso estado se debió en parte a las guerras intestinas por el poder y la coincidencia de que, en el momento que se libraban tales disputas, llegaron los hombres de Pizarro. La conquista española, si bien mantuvo algunas de las instituciones incas que le favorecían para su mejor control y administración, destruyó la base política, militar y religiosa del estado, con lo cual sobrevino su inevitable desaparición.

El Sol fue para las culturas precolombinas de los Andes el dios más importante, el benefactor y creador supremo de la vida: Inti, como lo llamaron los quechuas. Esta es la llamada Puerta del Sol, en las ruinas incaicas de la ciudad de Pisac.

Hoy



En la actualidad los descendientes de los incas viven en comunidades dispersas por los valles y altiplanos andinos ocupando las mismas regiones que en época del esplendor imperial. Sólo las fajas costeras han sido influenciadas desde el punto de vista racial por los europeos, y es allí donde se encuentra la mayor concentración de población blanca y mestiza.








Todavía prevalece en muchos aspectos de la vida y las costumbres de los grupos humanos andinos que sobrevivieron a la destrucción del imperio incaico. Los otavalos en Ecuador, los quechuas en el Perú y los aimarás en Bolivia, entre otros, se consideran a sí mismos descendientes de los creadores de las civilizaciones andinas.

El despojo de las mejores tierras, la explotación casi esclavista de la población y la imposición a ésta de normas sociales y religiosas ajenas sumieron a los nativos en una especie de sopor y de pasividad  provocados también por la miseria a la que se vieron arrastrados y por el trato racista ejercido por el dominio de los latifundistas y usurpadores blancos. Pero detrás de esos rostros impenetrables existe una tremenda frustración de siglos, refugiada en todo un cúmulo de tradiciones  y de mitos celosamente conservados por la transmisión oral de generación en generación.

Sin embargo, a pesar de la triste historia moderna de los indígenas andinos, bajo su timide recelosa y desconfiada se oculta un tipo de personalidad amable,cordial y hospitalaria, que no duda en aparecer cuando ve en el extranjero o en sus propios paisanos blancos franqueza y rectitud.

De baja estatura, piel cobriza aceitunada, rasgos faciales acusadamente mongoloides, piernas musculosas y fuertes torsos con una capacidad pulmonar superior a la de cualquier europeo medio, estos indígenas se encuentran muy bien adaptados al duro clima de la cordillera y a las enormes altitudes.

La profunda religiosidad ancestral de los indios ha dado como resultado que entre su cultura y la europea se haya establecido una mezcla muy amplia de creencias prehispánicas y cristianas.

Viven en su mayoría en comunidades campesinas pequeñas, herederas de los ayllus de la época andina, dedicados a plantar maíz, patatas y boniatos en sus pequeñas parcelas de terreno y cereales en los extensos y fértiles valles, por lo general propiedad de patrones latifundistas. También practican el pastoreo de la llama, el gran camélido americano domesticado desde el año 500 a. de C., y de ovejas importadas del Viejo Mundo,y en sus humildes viviendas de adobe y paja conviven con gallinas y cobayas. Su vestimenta, en particular la que usan en días de fiesta, es una mezcla de prendas tradicionales de la época del imperio inca y de ropas europeas con fuertes reminiscencias de los siglos XVI y XVII, y en algunos casos del XIX, como el sombrero hongo usado por las mujeres aymarás desde que a fines del siglo pasado los ingleses construyeron el ferrocarril boliviano. Sin embargo, no por ello la indumentaria andina es menos vistosa y elegante; en ella destaca sobre todo el colorido y la calidad de los tejidos, en los cuales los indígenas de esta área han sido maestros desde hace miles de años.



Los quechuas

Los quechuas son el grupo indígena más numeroso de los Andes. Se extienden desde el Ecuador a Chile. Lo mismo sucede con su lengua, la más hablada del área y el factor que más unidad proporciona a esa amplia masa de población que en tiempos constituyó la base económica y militar del imperio inca.

La religión católica, impuesta por los españoles, está todavía, aunque oculta bajo una capa de cristianismo, impregnada de antiguas creencias y ritos que subyacen detrás de muchas ceremonias y de cada festividad. Y así, detrás del dios de los cristianos, está Inti, el Sol; detrás de la Virgen está la Pachamama, la Tierra, y así sucede con la mayor parte del santoral católico. Los brujos, adivinadores y curanderos son personajes importantes y sumamente respetados a lo largo y ancho de la sierra. En todos los mercados indígenas pueden encontrarse cantidad de puestos de vendedores de hierbas medicinales y mágicas.

La coca, la patata y el maíz


La coca, cuyas hojas masticadas proporcionan un fuerte estímulo y resistencia a los trabajos más duros y a los viajes más largos por las grandes alturas, es una planta de la que se extrae el alcaloide cocaína, a la que en la antigüedad le atribuían virtudes medicinales y mágicas. Su consumo estaba reservado sólo al Inca y a la familia real, pero después de la conquista se generalizó a toda la población, e incluso fue estimulado por los colonizadores europeos cuando vieron que aumentaba considerablemente la capacidad de trabajo de los indígenas. Hoy sigue siendo de uso corriente y resulta prácticamente imposible encontrar a un indígena de la región que no lleve su bolsita de coca atada a la faja de la cintura.

Dedicados esencialmente a la agricultura del maiz, la patata, el pimiento y a veces el frijol y la calabaza, los quechuas de hoy ya no utilizan, curiosamente, el antiguo sistema de terrazas tan extendido y aprovechado por sus antepasados y que les permitiría un mayor aprovechamiento del abrupto terreno en el que viven y, por supuesto, una mucho mayor producción agricola. Pero desde la conquista, y por causas que desconocemos, las terrazas y su complicado sistema de canales de riego se abandonaron.

El alimento básico de los quechuas lo constituyen el maíz y la patata, que comen de diversas formas, aderezados con fuertes picantes proporcionados por una amplia variedad de pimientos llamados ajíes. La manera más corriente y sencilla de comer el maíz consiste simplemente en consumirlo cocido en agua salada, y en cuanto a la patata, o se prepara de la misma forma, o se elabora como un preparado llamado chuño, de gran poder nutritivo para alimentar a los niños pequeños. El chuño es una especie de puré que se obtiene dejando las patatas a la interperie, de manera que las heladas nocturnas, alternadas con los fuertes calores del día, van deshidratando el tubérculo, que finalmente se machaca y es almacenado.

Con el maíz, por otra parte, se prepara la bebida más conocida y famosa de la sierra, la chicha, que no es más que la fermentación de los granos de esta planta.

El pastoreo de llamas sigue vigente en la actualidad, aunque en amplias regiones ha sido sustituido por las ovejas importadas. Pero muchísimos quechuas continúan explotando al camélido americano que, a su utilidad como animal de carga por los difíciles senderos de la cordillera, añade su producción de lana para la elaboración de tejidos y proporciona su carne como fuente de proteínas.

En las cercanías de Cuzco, las cosechas se recogen en mayo. Los campesinos indígenas se reúnen para iniciar la jornada de trabajo desde el amanecer, en medio de un ambiente verdaderamente festivo. La labor comunitaria constituye el corolario a los esfuerzos del trabajo de la tierra y la bendición de ésta, del agua y del sol, que, como los dioses ancestrales, otorgan sus favores a los hombres y les proporcionan su supervivencia.

La vivienda popular sigue siendo prácticamente igual a la que construia y habitaba el pueblo llano durante la época del imperio. Es de planta rectangular, con paredes de adobe, donde con frecuencia la única abertura es la puerta, y techo a dos aguas, de paja sobre un entramado de cañas y varas.

El canto y el baile son, por otra parte, esenciales en todas las festividades quechuas, con canciones y coreografías para cada ocasión, vistosas indumentarias y una gran variedad de instrumentos musicales de viento, de cuerdas y de percusión, que hacen y conforman un riquísimo folklore.


Los aimarás

Alrededor del lago Titicaca y hacia el sur, en la puna, a una altitud de 4000 metros sobre el nivel del mar, viven un millón de indígenas aimarás,que pueblan el altiplano andino y conforman la mayor parte de la población de importantes ciudades bolivianas como La Paz, Oruro y Potosí.

Los aimarás creen que su origen es divino, ya que, según rezan sus tradiciones, fueron creados por Viracocha, el gran dios blanco de la leyenda andina. Hay quienes piensan que fueron los originales fundadores de Tiahuanaco.

Durante siglos, estos indígenas han sido plantadores de coca en los fértiles y selváticos valles fluviales que desde el altiplano bajan hacia la vertiente del Amazonas. Al parecer, fueron los primeros en utilizarla y los que transmitieron sus propiedades a los incas y a los quechuas en general. Aparte de eso, son principalmente agricultores de patata, el cultivo que más fácilmente se da en la puna, donde el maiz rara vez puede crecer.

Sus casas, como la de los quechuas, pueden ser de adobe o de paredes de piedra con la puerta siempre orientada hacia el este, por donde sale el sol. Duermen generalmente en el suelo, sobre pieles de llama, y carecen totalmente de otro tipo de mobiliario. El fogón, compuesto de varias piedras en círculo, y algunos nichos abiertos en las paredes para guardar sus pertenencias personales completan las comodidades de la casa aimará.

La cultura de la totora





Persiste, desde épocas inmemoriales, un tipo de creencia animista que venera a casi todos los elementos naturales, entre los cuales se cuentan la montaña, los bosques, los ríos y los lagos.

No todos los aimarás viven en el altiplano. Existe una considerable población que lo hace en las orillas del lago Titicaca, así como en islas flotantes del junco llamado totora, que, gracias a su gran flotabilidad, sostienen encima varias viviendas, incluso una pequeña aldea, como si se tratara de un gran colchón neumático.

La deriva de estas curiosas islas se evita amarrándolas con largas cuerdas y grandes piedras que se fondean a modo de anclas. El colchón de totora se va deteriorando poco a poco en su parte inferior, con lo cual el espesor de la isla va disminuyendo, pero el hundimiento se evita con el añadido al suelo cada año de nuevas capas de juncos. Algunas de estas islas flotantes han visto nacer varias generaciones de aimarás.  Estos aimarás dependen casi exclusivamente  de los recursos que les proporciona el lago, por lo que viven inmersos en una especie de "cultura de la totora". No puede ser de otra forma, desde el momento en que con este junco se fabrican sus viviendas, armadas con grandes esteras, sus camas, su variada cestería, hacen fuego, confeccionan sus extraordinarias barcas o balsas y sus velas, de curioso parecido con las usadas en el Nilo por los antiguos egipcios, que las fabricaban de la misma manera, empleando el junco local que es el papiro.


Los aimarás construyen su balsa en muy poco tiempo: preparan cuatro haces de juncos y los amarran fuertemente con cuerdas. De esta manera los dos haces más gruesos conforman el fondo de la embarcación y los dos más finos, los costados, de forma que adquieren un aspecto similar al de un bote de doble proa. Para navegar emplean largas varas o pértigas, remos de doble pala o instalan sobre la balsa un mástil bípode que se une en su extremo superior y en el cual se hiza una vela enrollable, que, por supuesto, también es de totora, elaborada como una estera fina.

Su economia es básicamente la de un pueblo pescador. Capturan carpas, muy abundantes en el lago, que ponen a secar al sol y cuyo excedente venden en los mercados de los pueblos costeros. También cazan patos y ranas. Lo más sorprendente es que no han abandonado sus hábitos agrícolas y han conseguido cultivar patatas y algunas hortalizas sobre capas de tierra que extienden sobre el suelo de sus islas de totora, la cual también consumen como alimento y cuyos tallos tiernos recuerdan en cierta forma al apio.


El lago Titicaca es como un mar interior que permite la navegación de barcos de considerable calado, rodeado por un impresionante panorama protagonizado por las inmensas extensiones polvorientas del altiplano y las alturas nevadas de la cordillera. Su fama es legendaria porque para los indígenas andinos, quechuas y aimarás, reviste un especial significado sagrado y mítico.

Se dice que de una de sus islas , la llamada del Sol, salieron Manco Capac, el primer Inca, y Mama Ocllo, su hermana-esposa, hijos del Sol, y se dirigieron hacia el norte, a la región de Cuzco, donde fundaron la ciudad y las bases del imperio.

Esa quizá sea una de las razones por las que los actuales aimarás celebran cada otoño una festividad dedicada a la Pachamama, la diosa madre de la Tierra, con el fin de propiciar el buen éxito de las cosechas con la participación tanto de los pobladores del lago como de gentes de tierra firme. Mientras numerosos grupos de danzantes ataviados con sus mejores y más vistosas galas bailan y cantan al compás de la música, los brujos queman incienso y hojas de coca, al tiempo que los peregrinos comen y beben en abundancia.


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