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Robert Fludd. Monocordio |
Hoy en
día mucha gente siente que no puede tocar un instrumento musical porque
considera que ya es “mayorcita” para aprender o porque no tiene tiempo para
dedicarle a dicha actividad o recordando una vieja mala experiencia personal
decidió no volver a intentarlo. Muchos, los que más- era nuestro caso-
abandonan porque insatisfechos en no haber mejorado la “técnica” con un afán
desmesurado de alcanzar una perfección imposible deciden, frustrados, dejar la
tarea para los mejores dotados.
Cuando
verdaderamente alcanzamos a comprender que la música, como armonía que es nos
conecta a un plan de orden para todos los niveles de nuestro ser, viejos
traumas o paradigmas establecidos comienzan a disolverse para devolvernos la
magia de la música en su sentido puro. Cuando comprendemos que cada sonido de
una nota musical tiene su por qué que no es simple azar, todo forma parte de un
orden natural y por derecho sagrado, pues sagrada es la Vida en todas sus
manifestaciones. Las antiguas culturas esto lo sabían muy bien, por tal razón
la música sólo era ejecutada en ceremonias, ritos, o contacto con otras
realidades. Hoy en día, huérfanos de esa conexión no recordamos el porqué ni el
para qué se interpreta la música y es entonces cuando la música finalmente se
establece como mero divertimento o es usada como un arma para desestabilizar al
individuo, porque la música es poderosa y llega a lo más recóndito de nuestro
ser. Los instrumentos musicales reproducen las leyes de la armonía de lo
elevado que arma y dispone todo el orden de lo vivo- esto bien lo sabían los
antiguos sabios griegos- hay un orden en toda la Creación que se reproduce en
los sonidos armónicos de la escala musical. Si queremos devolverle la salud y
el equilibrio a nuestro cuerpo y mente, hoy más que nunca debemos volver a
conectar con un instrumento musical (con
el que más a gusto nos sintamos, todos en sí
encierran la misma ley) y sacar de éste su verdadero don, don que se nos
revelará siempre y cuando no vayamos con el afán de hacerlo por mero
divertimento o lo que es peor aún por ansias de grandeza ególatra. Siendo conscientes de esto no existirá la
frustración personal al tocar un instrumento ya que desde la simple nota
ejecutada hasta el arpegio más elaborado despertará en nosotros el recuerdo del
verdadero por qué.
A continuación ponemos un artículo con un hallazgo revelador:
Como
sucede a menudo en la investigación, los resultados que se presentan en este
artículo se hallaron "accidentalmente" mientras estaba tratando de
replicar los resultados de Jean-Claude Perez sobre las poblaciones acumuladas
de los codones del ADN [1]. Este investigador ha estado estudiando durante años
las poblaciones de codones del genoma humano completo (no sólo el 2% de ADN
codificador). Calculando los cocientes de las poblaciones de codones acumuladas
de distintas formas, obtuvo el atractor (3-φ)/2 relacionado con la Razón Aurea. Con una metodología similar, he
descubierto dos resultados sorprendentes:
1.
Las poblaciones relativas de diversos grupos de
ocho codones del ADN humano corresponden
a ratios de notas musicales.
2.
Las poblaciones
relativas de unos grupos específicos de
ocho codones del genoma humano completo corresponden a exacamente la Razón Aurea φ.
Nuestra
información genética está codificada en el ADN en forma de textos formados por
"palabras" de 3 "letras". Estas palabras se llaman codones.
cada letra de un codón proviene de 4 posibles bases nitrogenadas: A (adenina),
C (citosina), G (guanina) y T (timina). El sistema de codificación es similar
en todos los organismos vivientes y se conoce como Código Genético. Hay 43=64
combinaciones posibles (palabras) de estas 4 bases (grupos de 3 con posibles
repeticiones).
Los 64
codones codifican los 22 aminoácidos conocidos, 20 de los cuales se encuentran
en los humanos. Por lo tanto, algunos aminoácidos están codificados
simultáneamente por diversos codones. Este hecho se conoce como degeneración
del código. Los aminoácidos són los constituyentes básicos de las proteinas,
los componentes principales de cualquier organismo vivo.
Cuando
descendemos a una escala menor, es decir haciendo grupos de ocho codones en
lugar de 32, la música entra en juego. En este caso, hemos visto por lo menos
tres formas de seleccionar grupos de ocho codones de forma que los cocientes
entre sus poblaciones corresponden a notas musicales. La secuencia de notas
depende de la forma en que se forman los grupos. La similitud con las notas
musicales tiene una precisión promedio del 98.77%. Por lo tanto, ello nos lleva
a concluir que el genoma humano entero parece estar organizado según la teoría
musical, al menos en la escala de grupos de ocho codones. ¿Es eso posible desde
una perpectiva de evolución natural? Cuesta de creer. ¿Sabe Diós tocar música?
Podría ser. La gran investigación del compositor escocés Stuart Mitchell y
colaboradores ha revelado que el ADN es una partitura musical cósmica operando
tripletes a un ritmo de unos 3000 latidos por minuto [4]. El investigador
Susumu Ohno [3] ha mostrado que las secuencias de bases codificadoras del ADN
pueden traducirse en partituras musicales y viceversa.
Por
último, hemos descubierto que cuando los grupos de ocho codones se seleccionan
de una forma muy específica, las notas musicales convergen a tan sólo tres
valores resonantes: una octava (2), la propia Razón Aurea (φ) y la relación entre ambas (2/φ). Ello muestra claramente que la
Razón Aurea no sólo opera a escala global (1/2) como ha mostrado Jean-Claude
Perez, sino tambien a escalas muy inferiores (1/8). Las poblaciones de codones
en el ADN a diferentes escalas parecen estar gobernadas tanto por la Música
como por la Geometría Sagrada. Pitágoras dijo: "Hay geometría en el
zumbido de las cuerdas, hay música en la separación de las esferas".
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