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martes, 10 de enero de 2012

Primer encuentro entre dos mundos diferentes y la vida cotidiana en las praderas Parte II


La continuación de la segunda parte de la vida en las llanuras norteamericanas de la obra enciclopédica La Aventura de la Vida (haga click aquí para ver la primera parte titulada: los primeros pobladores de la llanura). En estos capítulos nos cuenta cómo era la vida diaria de los pueblos de las  praderas y las diferentes invasiones tanto de europeos, de pueblos de la zona a otros pueblos, de la llegada de herramientas(caballos,armas de fuego,etc...) ajenas totalmente a su cultura y las consecuencias de dichas intromisiones.

Desde el descubrimiento del continente por los europeos, las praderas norteamericanas pasaron por las manos de tres naciones, que sucesivamente se consideraron sus propietarias. Sin embargo, aparte de unas pocas expediciones de exploración y la posterior entrada de algunos tramperos blancos, hasta la segunda mitad del siglo XIX no comenzó su colonización definitiva.
La cultura de los mounds, o montículos se originó en las regiones del sudeste de Norteamérica. Los mounds se convirtieron en escenario de ritos complejos,como este de la Gran Serpiente en el State Memorial de Ohio


A pesar de este aparente aislamiento de las praderas y de sus habitantes indígenas, la influencia europea se dejó sentir desde muy pronto. El primer hombre blanco...  (hacer click abajo en leer más para seguir leyendo el artículo)
que vio las praderas y tomó contacto con sus gentes fue el español Alvar Nuñez Cabeza de Vaca.Las narraciones de esos nueve años de viaje en los que recorrio 5000 kilómetros resultan de gran interés,ya que describen los poblados de la cultura Mississippi, con sus montículos piramidales,y hablan de los contactos con los grupos de cazadores de bisontes,probablemente apaches, y de la convivencia en las aldeas de los indios pueblos, herederos de la cultura Anasazi.
Las praderas, aun cuando se consideraban de dominio español, no despertaron más interés y quedaron relegadas.

En los siglos XVII y XVII, entre 1673 y 1800 fueron los franceses establecidos en el Canadál los que se interesaron por estas llanuras. El amplio territorio de la cuenca del Mississippi y las praderas del oeste, llamado Luisiana por los franceses, fue vendido en 1803 a los Estados Unidos, que vieron así aumentada repentinamente su extensión en una proporción desconocida, sin límites precisos con los dominios hispánicos. Se trataba de un espacio indefinido y desconocido que en los mapas de la época figuraba con el nombre de "territorio indio".

En esta imagen vemos una muestra de las pictografías que caracteriza la época de colonización agrícola de la cuenca del Mississippi-Missouri entre los años 1000 y 1500 de nuestra era. A menudo se pintaban en pieles de bisonte.Este procede de un poblado de Utah.


La matanza de bisontes. Se acorralaba una manada de estos bóvidos y se provocaba una estampida con fuego y alaridos repentinos, empujándose así a las aterradas reses hastael borde de un precipicio.


La cultura original


Tipi, o tienda de indios llaneros, protegida por un cortavientos de ramojo 


A partir de 1650 comenzaron las incursiones de tribus del norte y del este, transculturadas por la proximidad y el contacto con los europeos, que cambiaron por completo los antiguos patrones culturales de nómadas y sedentarios.

Los cazadores nómadas, apaches-kiowas y comanches principalmente, que ocupaban principalmente de norte a sur los territorios del oeste de las praderas, subsistían de caza de herbívoros. El más importante de todos y alrededor del cual gravitaba la vida de los cazadores, era el bisonte, llamado también búfalo.Fue tal la importancia de este animal para los habitantes de las praderas, que muchos estudiosos han llamado al estilo de vida, al sistema económico,social y en general a la cultura material y espiritual de los indios "cultura del búfalo".

Representación de bisonte en escudo de un guerrero
  
 Los indios nunca se dedicaron a matar bisontes por "deporte", a pesar de disponer de una reserva que virtualmente era inagotable, seguramente por las atribuciones místicas y trascendentales que se le adjudicaban al animal, del que dependía toda su economía y su supervivencia. Su caza no resultaba fácil para los hombres que se desplazaban a pie detrás de las manadas. Por ello subsistió el antiguo sistema de acorralamiento de los bóvidos hasta el borde de algún acantilado, donde, acosados por el fuego y con perros domésticos, se despeñaban en furiosa estampida. Este método continuó utilizándose hasta el siglo XIX, aunque también coexistió con él la caza del bisonte con arco y flechas, como forma individual de conseguir carne en la cantidad estrictamente necesario para un pequeño grupo.

Uno de los cuadros costumbristas de Karl Bodner representa una danza ritual de los mandans, llamada danza del búfalo.

El nomadeo pedestre era en verdad muy penoso, porque los grupos debían seguir a los animales constantemente y a una distancia prudencial en sus movimientos diarios y en sus migraciones estacionales.De ahí  que las posesiones de los cazadores fueran pocas y esenciales, siendo las más importantes sus armas, azagayas, arcos, flechas con puntas de piedras y otros artefactos, como raspadores y cuchillos de piedra y hueso,sus vestidos y el tipi, la tienda cónica de piel de búfalo con armazón  de largas varas. Los perros domesticados, muy similares a los lobos servían como auxiliares en la caza y como animales de carga. Para esto último se les hacía un arnés al que ataban lateralmente dos varas largas del tipi, con sus extremos arrastrando por detrás en el suelo y sobre los que se amarraba la carga como una camilla.

Bolsa siux del siglo pasado hecha de la vejiga de un bisonte



De cada bisonte muerto se aprovechaba prácticamente todo. Con las piedras, descarnadas, desgrasadas y curtidas, se confeccionaban mocasines, camisas, pantalones, mantos y tipis. Una cubierta de tipi requería entre 10 y 20 pieles cosidas, y con los retazos sobrantes se hacían también cuerdas y lienzos para pintar pictogramas que contaban historias relacionadas con el grupo tribal. La mejor carne se aprovechaba para el consumo inmediato comiéndola asada, mientras que el resto se secaba y almacenaba en forma de una especie de picadillo llamado pemmican, que duraba mucho tiempo . Con los cuernos se hacían recipientes y adornos, y de los huesos y tendones se fabricaban herramientas y cuerdas para los arcos. Hasta el estiércol del bisonte era aprovechado como un excelente combustible en un medio escaso de madera.
Cuchara hecha de cuerno de bisonte





Interior de una cabaña pawnee


Camisa decorada con una cabeza de
bisonte

Figurilla de bisonte, amuleto del siglo XIX, objeto ritual que aún se usaba en la danza del sol de los siux


CONTINUARÁ...









3 comentarios:

indian trading post dijo...

soy un aficionado a la tematica western e investigador incansable de las rutas comerciales en territorio indio, el impacto de las nuevas tecnologias y adactacion a las mismas.

La revision que haces a cada tema es de gran ayuda para ampliar conocimientos.un saludo

Tras la senda de los ancestros dijo...

Saludos, gracias por comentar.

Me alegro de que te guste el artículo, las culturas nativas norteamericanas son muy interesantes y son muy valiosas, hay mucha sabiduría en ellos. Fueron culturas que sobrevivieron muchísimos años en la tierra, que emigraron desde tierras lejanas y que sabían que solo viviendo en profunda armonía con la naturaleza podían vivir.

Anónimo dijo...

Hola ke tal me muero por leer la tercera parte ...puedes pofavlr komunicarte knmigo.. mi face es ...daniiel vzqz...ojala veas esto ya k kreo k lo subiste hace dos años.. me gustarka charlar kontigo me apasjona estl y paso tardes nlches y mańanas casi diario leyendo sobre esto....gracias